Nuestro presente es Rotterdam

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Sabíamos que esta vida no sería sencilla, además de escuchar siempre los relatos de migrantes peruanos, nuestra percepción del abismo existente entre Holanda y Perú nos hacía temer aún más. Y aunque ya nos íbamos acoplando a una vida de pueblo europeo, no nos percatamos de que avanzaríamos tan rápido a una gran ciudad.
Si bien nuestro destino dependía muchísimo del trabajo de mi esposo, podíamos decidir siempre regresar a Perú y mantenernos a la distancia, como lo habíamos hecho ya por casi seis meses, en donde entendimos que fue totalmente absurdo. Amelia dejaría definitivamente su natal Enschede y nosotros, una ciudad a la que le debíamos muchísimo más que lindos recuerdos. Las coordinaciones fueron de un día para otro, las decisiones fueron rápidas y me sentía nuevamente en esa emoción de “lo tomas o lo dejas” y claro que lo tomaría nuevamente. Fueron 3 noches que Amelia y yo permanecimos lejos de papá, mientras el iniciaba en su nuevo trabajo y buscaba una nueva casa, la que sería nuestro nuevo hogar, nuestra nueva historia que contar, las que inicio hoy en este post.
Dejamos todo listo en casa para que la empresa de mudanza se encargara. Amelia y yo partimos a Rotterdam, una ciudad que no conocíamos, pero que había ido averiguando más de ella en YouTube y Google, se veía hermoso. Estaba ansiosa, quería conocer lo nuevo, la casa, la gente, el paisaje, las tiendas, ya quería saberlo todo.

La realidad fue aún mejor que lo que había visto por internet, era Nueva York en Europa, era una ciudad muy diferente al resto de Europa, cultura viva. Veía mucho de todas partes, restaurantes japoneses, brasileros, italianos, españoles, todos separados solo por cuadras. Y en medio de todos ellos, nuestro nuevo edificio: “New Orleans”. El 4to piso de un edificio a orillas del río Maas, era nuestro nuevo hogar. Una vista maravillosa y un ambiente mágico, que me recordaba a piratas y a los años 50, cuando Rotterdam era el puerto más grande del mundo y era la línea que unía a América y Europa. Con más de 200 nacionalidades inscritas en esta ciudad, que vienen con el intercambio cultural del auge del comercio del puerto, mi mente volaba mucho más allá y me sentía muy feliz de poder estar con mi familia en una ciudad como esta y más aún de que Amelia pueda recibir sus primeros años de educación aquí. Siempre he pensado que la pluriculturalidad es riqueza y me encantaría que mi hija pueda recibir de ese tipo de riquezas. 
Uno de los propósitos que me tracé al rehacerme después del postparto, fue no dejar de crecer y sé que quiero seguir estudiando, estoy muy segura de aprovechar esta parte del mundo para estudiar, porque no quiero dejar de aprender, como madre y estudiante. Tengo la edad a mi favor y quiero que Amelia siempre se sienta orgullosa de que su madre la tuvo a los 21 años y nunca dejó de crecer, por ella y por mí, es que he tomado la decisión de volver a estudiar. 
Ahora, debemos tomar todo con calma y paso por paso, acoplarnos a la nueva ciudad, hoy por hoy, es la prioridad. Hoy terminamos la mudanza, mañana seguiremos conociendo esta hermosa ciudad. 
Aún no tenemos internet, les escribo desde mi teléfono, con internet de un restaurante cercano a casa, pero reportándome para todos los que me leen. La próxima semana espero poder contarles mucho más, ya mejor instalada en casa y con más calma.

Amelia se siente feliz y eso es suficiente para saber que vamos por buen camino. 

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